Milei no tiene un solo gobernador, pero construyó una red hasta ahora siempre dispuesta a rescatarlo a cambio de un fee. Son lealtades frágiles que no suelen soportar un par de encuestas torcidas o una elección fallida.
El toma y daca quedó en evidencia al día siguiente de la votación, cuando la Casa Rosada le transfirió el control total de una mina de rodocrosita al gobierno de Catamarca. El gobernador peronista Raúl Jalil había colaborado con la ausencia de sus cuatro diputados (incluida su esposa), integrantes todos del bloque de Unión por la Patria. No fue el único: hubo giros extraordinarios para el Chaco, cuyo gobernador, el radical Leandro Zdero, torció incluso voluntades dentro del bloque díscolo que conduce Facundo Manes. Y espera su turno el (¿ex?) kirchnerista Gerardo Zamora, que también retiró posibles votos negativos al DNU.
La aprobación contó con 129 votos, justo la mitad más uno del cuerpo. Fue decisivo el apoyo de la Coalición Cívica, que puso por delante de su habitual defensa de la institucionalidad el abismo económico contrafáctico que sobrevendría a un fracaso legislativo.
Milei saltó la valla que él mismo puso. Eludió la ley Guzmán, que estableció la obligación de que los acuerdos con el FMI los apruebe el Congreso. Mostró que, aun en una mala racha, puede juguetear con su desgajada oposición, dispuesta a firmarle un cheque en blanco sin rechistar. Pero reveló también que el apoyo político al nuevo programa de deuda es como mínimo endeble.
El recurso del DNU deja pintado al Senado, donde la magia de los negociadores mileístas surte menos efecto. El kirchnerismo es víctima de su propia artimaña: la ley de 2006 que reglamentó esos instrumentos los considera vigentes salvo que las dos cámaras del Congreso lo rechacen. Raro que Milei no haya tuiteado un “¡che, Cristina, ¡gracias!”.
El alivio por la marcha
“Levantamos un set point”, sintetizaba un funcionario nacional. Tuvo la prudencia de no usar la palabra match, como otros oficialistas más propensos a la exageración.
Otro partido en paralelo se jugó en la plaza del Congreso con la marcha de los jubilados, que seguía a la que terminó con destrozos, salvajismo, represión y sangre la semana anterior.
El diseño del operativo policial contó con la participación de nuevos actores, en especial Santiago Caputo y el número dos de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Diego Kravetz. A la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, después de que Milei la ensalzó en público, se le pidió prudencia. Se llamó a silencio desde el miércoles en adelante.
Su doctrina de “bancar” a las fuerzas de seguridad –a la que se sumó Milei– incluyó la negación de revisar abusos o negligencias. El caso del fotógrafo Pablo Grillo, herido de gravedad por un proyectil de gas lacrimógeno disparado de manera horizontal, alarmó a algunos miembros del gabinete: ¿cuál es la distancia entre el apoyo social y el repudio a la represión en caso de una tragedia en la calle?
La dispersión de la protesta del miércoles sin violencia ni masividad provocó sosiego en el Gobierno. No se confían: el ruido de las últimas semanas despertó a la CGT, que anuncia paros mientras negocia con una inusual racionalidad. Para muestra, basta ver la paritaria trimestral que firmó Hugo Moyano para los camioneros, por debajo de la inflación prevista.
A Milei lo entusiasma que la cara de la oposición sea la de “los Gordos” del sindicalismo peronista. Pero al ala política del Gobierno le genera inquietud la agitación callejera en momentos de turbulencia financiera e inminencia electoral.
El dilema del Pro
En esta semana crítica el Presidente y su hermana movieron una ficha pesada en el camino hacia las urnas, cuando recibieron a Diego Santilli y Cristian Ritondo para negociar un acuerdo bonaerense.
Ocurrió mientras se cerraba la ventana para pactar una alianza en la ciudad de Buenos Aires, donde Mauricio y Jorge Macri se juegan la patriada de enfrentar a La Libertad Avanza (LLA) en los comicios locales con el objetivo de demostrar “la utilidad del Pro”.
Milei había dicho hace tres meses que habría alianza en todo el país o en ningún lado. Ahora parece recular. ¿O no? “Tal vez le esté mostrando a Mauricio que tiene la capacidad de llevarse a sus candidatos más taquilleros sin necesidad de negociar con él”, explica una fuente que integra el comando electoral libertario.
Macri se quejó de que el diálogo formal no arranque. Milei sigue plantado en su idea inicial de no ir a una alianza sino a una fusión. El modelo Bullrich: él los deja bañarse en el Jordán, purificarse y abandonar para siempre “la casta”. El poder no se comparte.
Hasta las elecciones porteñas del 18 de mayo el trato LLA-Pro quedará en stand-by. A los Macri les toca mostrarles a los Milei que puede ser peligroso competir separados, con el kirchnerismo al acecho. El desafío de Horacio Rodríguez Larreta les complica la misión.
Milei tampoco puede relajarse. Esas elecciones ocurrirán en los días posteriores al probable acuerdo con el FMI y en los que se pondrá a prueba el futuro esquema cambiario (con o sin cepo).
La bendición que lo asiste es que la principal referencia opositora sigue siendo Cristina Kirchner, afectada por sus altos índices de imagen negativa y los desgarros de su fuerza política. Con eso y todo, se mantiene competitiva en su bastión bonaerense.
Lijo, ¿sí o no?
El duelo “Che, Milei / Che, Cristina” esconde conexiones subterráneas que se han reactivado para destrabar la conformación de un nuevo Poder Judicial. El Gobierno cree que la expresidenta estará más permeable a discutir la designación de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla en la Corte Suprema ahora que la Casación le cortó la vía del recurso extraordinario para que le máximo tribunal revise la condena en el caso Vialidad.
Está a tiro de que los jueces actuales le rechacen en una carilla una presentación en queja. De ocurrir, iría a prisión (domiciliaria, seguramente) y vería clausurada su carrera electoral. ¿Está en condiciones el Gobierno de garantizarle a Cristina que podría zafar si se conforma una nueva Corte, que incluya a Lijo, a García-Mansilla y a otros miembros en una eventual ampliación?
Difícil. Hay claros indicios de que todo el proceso de designación de los nuevos jueces de la Corte se condujo con improvisación y está sujeto a las reglas del azar. Los senadores kirchneristas insisten que van a rechazar a los dos jueces nombrados por decreto. Villarruel puso dos semanas de por medio antes de la sesión. Hay tiempo para estirar la cuerda.
A Milei no le hace ruido dejar en segundo plano la tan mentada “batalla contra el populismo” y la “defensa de la república”. Son cosas de “ñoños”, como suele decir cuando queda solo ante la contradicción entre dichos y hechos.
Es el diagnóstico propio de un pragmático. La sociedad argentina ha demostrado en incontables oportunidades que es más sensible a los resultados económicos que a la salud de las instituciones democráticas.
A ese público debe demostrar Milei que su milagro es sostenible. Son días en que la pericia y la templanza se imponen a la fe, el folclore y la mística etérea de las Fuerzas del Cielo.
Por Martín Rodríguez Yebra
LA NACION